Carlos Ampuero-Patria Huacha- de origines y bastardos

 


 

Patria Huacha: de orígenes y bastardos

 

La pintura Patria Huacha: de orígenes y bastardos, se articula en torno a una interrogante sobre la historia, el pasado y la memoria. Se plantea, de algún modo, como un retrato de época de la familia burguesa chilena de fines del siglo XIX. La imagen busca imprimir un carácter bastardo o anómalo en la representación y relación entre la escena y cada una de las figuras icónicas retratadas. Hace alusión al conflicto de identidad instalado en el centro de la cultura chilena desde sus orígenes. Los problemas que surgen al interrogar la historia y la memoria aquí se convocan para cuestionar el pasado poscolonial de Chile desde la instauración de la República. En este contexto la imagen de la Reina Victoria se instala como la figura matriarcal, Andrés Bello como el padre, y la doble imagen de Arturo Prat como hermanos gemelos: retoños y fruto de una relación imperial, una genealogía de dudosa procedencia, temas que se relacionan con un pasado común con el resto del continente latinoamericano y también con la obra El primer nueva corónica y buen gobierno, del artista y autor, Felipe Guamán Poma de Ayala (1615).

La pintura se concibe como una serie de relatos anacrónicos y entrecruzados, una imagen que intento contextualizar al colocarla, como un anexo imaginario, dentro de las 1200 láminas del manuscrito de Guamán Poma. En este sentido la imagen representa una actualización, el resultado de una metamorfosis continua de las temáticas presentes en la Crónica.

Cada retrato tiene su origen en las imágenes fotográficas icónicas que forman parte del imaginario popular, sea por su mediatización o reproducción en la cultura de origen de cada uno de los personajes, como textos escolares, periódicos o gráficos relacionados con la numismática.

La estética de los retratos fotográficos de ese periodo reflejaban las convenciones venidas de Europa durante la era Victoriana. Éstas disponían los retratos dentro de escenografías cuidadosamente estudiadas que incorporaban utilería de todo tipo según los requerimientos de la ocasión, determinadas tanto por la naturaleza del tema, las características y rango correspondiente al estrato social, como las características propias del individuo o grupo retratado. Una estética que debía mucho a la tradición pictórica del retrato como a la historia del arte en general.

El color se agregaba como un tratamiento de embellecimiento que justamente ocultara las limitaciones técnicas del dispositivo para emular más fielmente los cánones de la pintura. No podemos olvidar que a fines del siglo XIX estábamos en un momento en donde la mímesis, como estética preponderante de la época, representaba un ideal.

Patria Huacha: de orígenes y basatardos se enmarca dentro del contexto de la era Victoriana del siglo XIX, una época social que impuso una ética estricta y moralista, una sociedad que colocaba al hogar y la familia, las virtudes religiosas y la ética del trabajo duro como la figura paterna por sobre todo lo otro, valores tan activos en los hogares como en las instituciones.

La obra de Guamán Poma, dedicada a Felipe III, rey de España, se extravió en su envío y nunca llegó a su destino. Posteriormente, en 1908, el manuscrito fue hallado en la Biblioteca Real de Copenhague, Dinamarca, por el editor alemán Richard Wilhelm Ludwig Pietschmann y publicado por primera vez en facsímil por el Institut Éthnologique de Paris en 1912. Guamán Poma es un cronista del mundo colonial y su texto, escrito en su mayoría en castellano, incorpora numerosos pasajes y palabras en lenguas indígenas, la mayoría quechua, además de elaboradas ilustraciones. En su conjunto el documento, en diferentes niveles, configura un relato histórico que ofrece potencialmente una multiplicidad de lecturas; se trata de una imagen testimonial del pasado, producida por un sujeto indígena que representa una crítica al dominio de la corona española durante todo el periodo colonial. El manuscrito construye una amplia y compleja imagen de una sociedad subyugada por los españoles en el siglo XVII, resultando en imágenes que se articulan haciendo uso de significados e iconografía tanto europeas como andinas, un imaginario basado en el conocimiento de su época que pretende fusionar conceptos de un viejo y nuevo mundo por medio de la palabra y la imagen.

El dramaturgo chileno Alex Moreno comenta, en relación a su obra Las Huachas (2008), “Nuestra historia de país también funciona de esta manera…el concepto de huacho circunda nuestra realidad porque somos una cultura que pierde la idiosincrasia, niega la memoria y sus orígenes bastardos”; esta sería una condición cegada, pendiente e inconclusa, que luego nos hace navegar dentro de un marco de negación perpetua, atrapados dentro de márgenes que no nos permiten comprender el alcance de nuestro problema.