Los Errores de Tolstoy

óleo sobre tela, 150 x 200 cm, 2014

Instalando una lógica inversa entre victima y victimario, introduzco fotografías de archivo como referentes en la construcción de los personajes retratados. Se trata de registros fotográficos de políticos y militares alemanes que protagonizaron los mediáticos juicios de Núremberg, en el año 1945. Albert Speer, Rudolf Hess, Alfred Jodl, Walter Funk, entre otros. En esta escena son ellos los que esta vez parecen asumir el papel de enjuiciadores. La apropiación de datos, junto con la manipulación de acontecimientos o hechos históricos, permite construir, desde la ficción, relatos alternativos de la historia, una estrategia que mediante el anacronismo presente en la imagen aumenta el grado de ambigüedad, construyendo, así, representaciones del pasado que nunca tuvieron lugar.

En Los errores de Tolstoy intento recorrer y acudir a un periodo histórico, remoto en el tiempo, o lo suficientemente distante para lograr poner en relieve el tiempo actual. Del mismo modo, el acto de rescatar la imagen pretérita de un pensador como Tolstoy me sirve para evocar y aludir, en alguna medida, el significado de la filosofía de un personaje.

La pintura reúne una multitud de sujetos dentro de un espacio interior extenso y oscuro, casi fúnebre. Es la representación de una escena en la que se grafica un instante preciso en el tiempo, como la captura de una imagen fotográfica que sosiega un momento para luego convertirlo en archivo. La composición en monocromo (blanco y negro), modela los rostros de las figuras y el espacio simulando una fuente lumínica única: luces y sombras cuyo juego encandilante es reminiscente del resplandor del flash de una cámara. La escena en su conjunto retrata una situación teñida de expectación. Los rostros de numerosos personajes, ecuánimes e impasibles, sugieren un clima solemne y grave. Un cabildo, una asamblea de personajes anónimos, que están ad portas de un dictamen eminente.

La pintura es el dispositivo, el gesto, que invoca la figura del escritor ruso en el tiempo presente desde la ausencia, de la no presencia. El texto del título de la obra ejerce, en este sentido, una función clave y simbólica, además de ser el único indicio que da cuenta de que él está ahí, aunque fuera de encuadre, pero en la misma escena.